El gobierno, la CNTE y su laberinto

By 1 abril, 2019Editorial
alcaldías para la CDMX

El Gobierno Federal está atrapado en su propio laberinto. El fortalecimiento generado desde la campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador a los integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) se les está revirtiendo.

Y es que no es lo mismo como candidato prometer una serie de prebendas, a las que están tan acostumbrados en la CNTE, que ya como responsable del gobierno generar políticas públicas en materia educativa donde forzosamente no puedes ser completamente permisivo con estos grupos radicales y golpistas.

Las consecuencias ya están a la vista con lamentables resultados.

Primero que nada, en su objetivo por hacerse del mayor número de apoyos durante su campaña, López Obrador resucitó un movimiento que se había visto diezmado durante los dos últimos sexenios. Bajo el mensaje de “no quedará ni una coma de la Reforma Educativa implementada por Peña Nieto”, la Coordinadora vio en Morena un aliado natural a sus pretensiones por controlar al magisterio.

Sin embargo, el Movimiento de Regeneración Nacional quizá no calculó de manera adecuada el alcance y consecuencias de dicha alianza.

Y es que la especialidad de los maestros integrantes de la CNTE no es la docencia ni la calidad educativa. Ellos son expertos en el golpeteo político, en la presión y chantaje para obtener más y más beneficios.

Las consecuencias ya las está padeciendo el gobierno, y el país con lamentables resultados.

Esas imágenes transmitidas los últimos días a través de los medios de comunicación donde se aprecia una Cámara de Diputados literalmente secuestrada, donde los diputados tienen que “sesionar” desde el restaurante más cercano, dan cuenta de la descomposición que se ha generado a partir del anuncio de echar abajo la reforma educativa peñista.

Y ese es el resultado de concebir la educación bajo una óptica ideologizada, donde los estudiantes y las políticas públicas en materia educativa son vistos como un botín y no como un apostolado, tal como lo veía nuestro gran José Vasconcelos.

A cuentagotas la nueva reforma en materia educativa va avanzando en el Congreso de la Unión, una reforma que adolece en muchos sentidos de la búsqueda auténtica de una educación de calidad. Las presiones de la CNTE para incluso no dejar pasar ni siquiera esta reforma son el claro ejemplo de que lo que menos le interesa a los radicales son los niños y su derecho a estudiar.

La Coordinadora quiere el control absoluto del magisterio, y no dejará de golpetear hasta lograrlo. Son expertos en ello y Andrés Manuel López Obrador abrió la “caja de pandora”, ahora sus incondicionales en San Lázaro cada vez tienen menos margen de maniobra para justificar su apoyo a la CNTE sin afectar la reforma enviada desde el Ejecutivo en materia educativa.

Mientras tanto, seguimos siendo uno de los países peor evaluados por su calidad educativa, extraviados en un laberinto ideológico que impide entender la educación como inversión natural para contar con más y mejores ciudadanos.

Y el gobierno federal tiene la obligación de actuar cuanto antes en consecuencia.

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