A 100 días de AMLO

By 15 marzo, 2019Editorial
A 100 días de AMLO

Al final ese es el López Obrador que hemos podido ver durante estos primeros 100 días: el estatista, centralista, presidencialista. El que supeditará todo problema nacional a la exaltación de su figura y lealtad a su movimiento.

Quizá una de las mayores características del nuevo gobierno encabezado por López Obrador y su Movimiento de Regeneración Nacional es la vertiginosidad para impulsar los cambios acordes a su cuarta transformación, la necesidad de borrar a la brevedad posible todo vestigio del neoliberalismo en México.

En este afán transformador el gobierno federal no ha estado exento de errores e improvisaciones que le podrían costar muy caro al país si persisten en su actitud soberbia y resentida contra todo gobierno anterior, no importando si hay programas o acciones benéficas para la sociedad.

Aunado a esto hay tres características preocupantes en el personalísimo estilo de gobierno de Andrés Manuel:

  1. Presidencialismo

Es innegable la añoranza de López Obrador por el presidencialismo ejercido durante muchos años por el PRI, aquel donde el titular del Ejecutivo era el hombre más poderoso del país, sin contrapesos, donde su palabra estaba por encima de cualquier legislación.

Obrador busca por cualquier medio que toda institución pública gire en torno a la figura presidencial, en torno a él que se entiende como redentor de todo un pueblo bueno y con hambre de justicia.

  1. Centralismo

De la mano del punto anterior se encuentra la desconfianza lopezobradorista a todo aquello que no esté debidamente controlado por él, y los estados de la República (principalmente los no gobernados por Morena) ya están en la mira de la cuarta transformación para ver minada la independencia propia que se reconoce en una federación.

Aquí un ejemplo claro está en los denominados superdelegados estatales, auténticos virreyes dependientes únicamente del presidente, con la capacidad de manejar programas sociales para allegarse de la voluntad popular en los estados. Otro ejemplo lo encontramos en la negativa federal para fortalecer las policías locales en el tema de la seguridad.

  1. Estatismo

Andrés Manuel López Obrador no oculta su desconfianza por todo lo que tenga que ver con la sociedad civil, específicamente con aquella sociedad crítica a sus postulados. Por ello el presidente ha señalado a lo largo de estos primeros 100 días que el gobierno es el responsable de atender las necesidades sociales.

Con una lamentable visión paternalista de gobierno, Obrador afirma que a través de entrega de recursos es como combatirá la pobreza en México. Ambiciosos programas sociales destinados exclusivamente a repartir dinero, a dar pescado no a enseñar a pescar, a crear extensas clientelas políticas como garantía de contar el voto de una sociedad malacostumbrada a recibir la dadiva gubernamental y no a generar riqueza.

Y es que el Estado es López Obrador, así lo han señalado integrantes de su gabinete. El Estado que absorbe todo, a través de empresas gubernamentales, el Estado benefactor que ajusta los precios pasando por encima de las leyes del mercado, el Estado que da a manos abiertas exigiendo a cambio una lealtad ciega.

Al final ese es el López Obrador que hemos podido ver durante estos primeros 100 días: el estatista, centralista, presidencialista. El que supeditará todo problema nacional a la exaltación de su figura y lealtad a su movimiento.

Finalmente una pequeña reflexión en torno a la política impulsada por el presidente durante sus primeros meses para entregar recursos directamente a las personas. La obsesión de entregar los recursos de manera directa, si bien es cierto que puede en ocasiones eliminar los “pellizcos” o malversación de fondos, es cierto que también contribuye a la atomización de la sociedad.

Es decir, cada beneficiario se centra en sí mismo al recibir el apoyo sin preocuparse por sus semejantes, como no ocurre por ejemplo con el programa de comedores comunitarios que brinda alimentación balanceada a niños, estudiantes, mujeres embarazadas o en lactancia y a adultos mayores generando un espacio de convivencia y cohesión comunitaria.

Caso similar ocurría con las estancias donde varias jefas de familia acudían a una misma estancia afiliada a sedesol y entre mamás y responsables hacían funcionar una comunidad a favor de sus hijos pequeños.

Pero eso parece no tener relevancia para la cuarta transformación.

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